De cómo los domingos pasaron a ser el mejor día de la semana.

Y quién me lo iba a decir.

Aquí una que odiaba los domingos y a la que el MIR le ha hecho cambiar por completo de opinión.

24 horas.
24 horas aprovechables en cada minuto y cada segundo. Si bien es cierto que parte de la felicidad radica en no tener que estudiar no es eso lo que me lleva a hacer, de los temidos domingos, los nuevos días felices.

Son 24 horas delante de ti que están ahí para ser aprovechadas. Exactamente igual que las 24 horas de un miércoles o de un viernes. Lo sé, suena raro, pero en mi cabeza tiene muchísimo sentido.

24 horas que para empezarlas bien te recomiendo madrugar y, si puedes, desayunar en la terraza o en el salón de tu casa. Venga, tienes un poco más de tiempo, un desayuno que te alegre el alma. Mientras pones ese disco de fondo para el que nunca tienes tiempo y devoras ese libro que te regalaron. Leer mientras desayunas hace que tu día no pueda salir mal.

Una ducha y esa falda nueva que no te apetecía estrenar para ir a la biblioteca. Y todo el día por delante. Mil planes inimaginables. Sólo tienes que ponerle un poquito de ganas.
Mucha gente piensa que la fuerza de voluntad es la que te mueve pero yo creo que es la motivación el verdadero motor.

Sal de casa. Pasea por el campo. Respira y siente. Ve a la playa, a la montaña o al río pero HAZ.

Te prometo que parte del secreto está en disfrutar de los domingos. 24 horas enteras, todas ellas para ti.