FELIZ cumple-años

Hoy es el cumpleaños de mi amiga Bea y un año más, aunque este esté un poquito ocupada, me ha recordado que es también el de De Mil Sabores Sele.

Seis años.
Ni más. 
Ni menos.

Hace seis años y un par de meses yo estaba jodida y perdón por ser malhablada pero no encuentro un adjetivo más acertado. No estaba triste, ni deprimida (ni distímica) estaba jodida; eso es. Sabía que tenía que hacer algo para resolver aquella situación, de una manera o de otra sabía que lo conseguiría. Siempre he sido una chica (y ésta, Tere, va por ti) RESOLUTIVA (¡y qué poco me gusta la gente que no lo es!) así que aquella vez no iba a ser menos.

Entonces en aquel café Paula y yo decidimos que tenía que salir del hoyo y el resultado fue esto que estás viendo y bla bla la historia que todos sabéis. Pero ¿un blog? ¿un blog va a ayudarte a resolver tus problemas? ¡Ay amigos! De Mil Sabores es más que un blog...

La solución a un problema no es un botón al que pulsar y que de repente PUM tus deseos sean órdenes. No hombre no. Tienes que ir haciendo un poquito por aquí, un poquito por este otro lado y DMSS es simplemente una de esas aristas de mi vida.

Hace poco alguien a quien acababa de conocer (y de verdad que no recuerdo quién) me dijo así de repente: "oye, ¿tú no serás de esa clase de gente que hace fotos a la comida para subirlo a Instagram?" (Jaja)

¿Clase de gente? Supongo que se referiría a los foodies  (qué poco me gustan ese tipo de etiquetas cuando son malintencionadas).

Y eso me hizo reflexionar. ¿Cuál es el problema con el tema de los foodies? (Inserte aquí blogueros en general). Últimamente he visto artículos de gente super guay que critica todo este tema de subir lo que comes o subir "tu vida" a las redes sociales.
No puedo hablar en nombre de los foodies pero sí puedo hacerlo por mí.
¿Alguien cree que yo vivo como parece en mi blog? ¿Estamos locos? ¿Alguien cree que me alimento exclusivamente de los restaurantes o de la comida que publico en Instagram? ¿Alguien cree que acaso yo pretendo que la gente piense que mi vida es eso? ¿Hay alguien que pretenda hacer ver que su vida es eso? Es lo más triste que he oído nunca.

¡Claro que no! Yo no publico mi vida en las redes sociales. Porque mi vida no es eso y dista bastante de eso. Sólo publicamos las cosas bonitas o, en mi caso, las cosas chulis que me apetece compartir con vosotros o las recomendaciones de tal sitio por si acaso algún día vais para que lo disfrutéis y además, si es posible, os acordéis de mí jaja. Pero de ahí a contar mi vida uffff. Además de no importarme reconocer que POR SUPUESTO mi vida no es De Mil Sabores Sele tengo que recordar que nadie obliga a seguir a nadie. Así que si no te mola "esa clase de gente que sube fotos de comida a Instagram" simplemente no lo sigas.

Y todo este caos en mi cabeza tiene sentido. Vaya por delante que las cosas en la vida se superan y que si hoy hemos reflotado el barco es porque es el aniversario de DMSS, nada más. A ver si vamos a tener que estar fustigándonos para los restos. De hecho, no sólo hay que olvidar sino también perdonar.

Como colofón a toda esta marisma está claro que hay que trabajar por ser felices 24/7 y dar explicaciones las justas. Pero yo hoy quería reflexionar sobre esto.

Y como en clase de Lengua en el cole decían que los textos tenían que ser circulares vuelvo a Bea a la que quiero felicitar y a la que robo esto que compartió el otro día, que viene siendo lo mismo que he dicho yo pero BIEN escrito :)

Sean muy felices porque nadie lo puede ser por ustedes.
Un abrazo,
Sele.

Ps: no quiero unas alas que vengan ya rotas.

"Rodéate de gente que disfruta fácilmente (incluso de las modas)

Aunque es frecuente criticar las modas arbitrarias —como el vermú, la nostalgia o las bicis sin cambio—, yo creo que disfrutar de «tonterías» es una enorme virtud.

Pensemos en el verano. Criticamos a la gente por leer el nuevo de Millenium, por viajar a Benidorm, o por compartir fotos de gin-tonics con cardamomo. Criticamos a los tipos de treinta que deciden hacerse runners y a las chicas que se disfrazan de tenista para jugar un día al pádel. Incluso he visto criticar a esos turistas que recorren Madrid con un telescopio de hacerse selfies, que efectivamente van haciendo el ridículo, pero muertos de risa.

En realidad, estas personas han intuido una verdad primigenia: que a la vida se viene a pasar el rato. Y si uno acepta esa premisa, aunque sea un poco, entonces disfrutar de cosas intrascendentes es una virtud. Porque esas son las cosas que tenemos más a mano: ciertos paisajes, ciertas personas, algunos libros y algunas habitaciones, que decía James Salter. Por eso me gustan las personas que disfrutan de tonterías y hasta de las modas, sacando fotos del atardecer o leyendo revistas con textos muy largos.

En esencia, me gusta la gente que disfruta fácilmente.

Me gustan los fanáticos del vermú, incluso si antes nunca lo bebían y ahora resulta que sí.

Me gustan las chicas que viajan con una lista de «Las diez cosas que ver en Nueva York» y disfrutan íntimamente de ir tachando hasta dejar la ciudad como el planeta de los simios.

Me gustan los optimistas, como aquel amigo que los días nublados sale de casa sin paraguas porque quizás no llueva.

Me gustan los perseguidores de casualidades. Esas personas que al conocerte buscan a alguien que podáis conocer los dos. Si eres de Valencia, te informan de que conocen a un tipo de allí; si eres ingeniero, te dicen que su hermana también y que es rubia y se llama Ana y mide más o menos así —y entonces levantan la mano a media altura—. Son personas dedicadas a encontrar los lazos invisibles que nos unen. Que nunca desfallecen aunque casi nunca tienen éxito. Pero los rarísimos días en que descubren una conexión dan un saltito y les brillan los ojos. Felices.

Me gusta la gente de fútbol porque es intrascendente y por eso disfrutarlo es puro genio. Ya lo resumió Jabois: «Hay pocas cosas más felices y divertidas que ser madridista. Yo no las conozco».

Me gusta mi hermano porque cuando le preguntas si quiere desayunar te dice que quiere palomitas.

Me gustan las personas del poema de Borges:

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.

El que agradece que en la tierra haya música.

El que descubre con placer una etimología.

Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.

El ceramista que premedita un color y una forma.

El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.

Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.

El que acaricia a un animal dormido.

El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.

El que agradece que en la tierra haya Stevenson.

El que prefiere que los otros tengan razón.

Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Me gusta la gente que odiaba cortar el césped y se ha apuntado a un huerto urbano, los que van dos veces a ver la misma película, quienes escuchan Interstellar pensando en el espacio y quienes escriben con estilográficas de distintos colores, siguiendo unas reglas arbitrarias pero muy importantes.

* * *

Lo diré otra vez: disfrutar fácilmente me parece una virtud y por eso respeto las modas. Y no me importa si son mainstream o hipster. Si alguien es feliz yendo de despedida a Ibiza, memorizando a Melville, leyendo El capital de Piketty o poniendo frases de azucarillo en su Facebook, todo me parece bien.

Lo extraño es lo contrario: pretender juzgar los pasatiempos ajenos. Y es que que el día menos pensado se te aparece alguien diciendo: «Oiga, disfruta usted mal», y a ver cómo le explicas que su opinión al respecto no importa en lo más mínimo".

Kiko Llaneras